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19 de abril de 2023

"El discurso de odio de algunos políticos puede producir genocidios", dice un exlíder movimiento juvenil judío

Darío Teitelbaum, exdirector para América Latina del movimiento juvenil judío Hashomer Hatzair, en charla con Télam, recordó que "la decisión de los nazis ante la oposición y resistencia en Varsovia era la de expulsar y matar a todos los judíos, y dinamitar el gueto".

"Los discursos de odio pueden conducir a genocidios" advirtió Darío Teitelbaum, exdirector para América Latina del movimiento juvenil judío Hashomer Hatzair al que perteneció el líder del histórico Levantamiento del Gueto de Varsovia, una resistencia llevada adelante en su mayoría por jóvenes, a la que consideró como "la acción temprana civil más larga que tuvo en contra el nazismo", de la que este 19 de abril se cumplen 80 años.
Este miércoles se recueda en todo el mundo las ocho décadas de esta sublevación liderada, entre otros, por jóvenes como Mordejai Anielewicz, entonces comandante de la Organización Judía Combatiente (ZOB), quien murió el 8 de mayo de 1943, a los 24 años, tras luchar contra la deportación de judíos hacia campos de exterminio.

Anielewicz fue también dirigente del movimiento juvenil sionista socialista Hashomer Hatzair, del que Teitelbaum fue director para América Latina, y quien lo define como el "primer movimiento juvenil judío", fundado hace 110 años y que actualmente permanece activo en 26 países.

Esta centenaria organización conforma "una amalgama de ideas, un espacio judío de libre pensamiento laico, pacifista y con respeto a las tradiciones", definió Teitelbaum en diálogo telefónico con Télam desde Israel, donde reside desde 1978.

En este sentido, el movimiento cumplió un rol preponderante en la resistencia judía durante la Segunda Guerra Mundial y, en concreto, durante los levantamientos del gueto de Varsovia, que comenzaron el 18 de enero de 1943 con la "primera pequeña rebelión" y culminaron con el enfrentamiento crucial e histórico del 19 de abril de 1943.

-Teitelbaum, ¿cómo comienza el levantamiento del 19 de abril de 1943?

-La decisión de los nazis ante la oposición y resistencia judía dentro del gueto de Varsovia era de expulsar y matar a todos los judíos, y dinamitar el gueto. El levantamiento comienza el 19 de abril de 1943 en la vísperas de la festividad de Pésaj y fue un enfrentamiento cara a cara en varios combates, agrupados en dos órganos centrales. Por un lado, lo que se llama la Juventud Combatiente o ZOB, que aglutinaba a los movimientos juveniles de izquierda junto a la Organización Judía Militar, organizada por movimientos juveniles con ideologías de derecha.

-¿Qué representa el levantamiento del gueto de Varsovia en el contexto de la Segunda Guerra Mundial?
-El levantamiento es lo que podríamos llamar una microhistoria respecto a la Segunda Guerra Mundial. El Holocausto o la Shoá es llevada a la práctica por discursos de odio ancestrales contra los judíos, renovados en un odio científico instalado por el régimen nazi basado en la idea de la superioridad racial por sobre la raza judía, eslava, gitanos, homosexuales y minusválidos, según consideraban ellos, que se transformaron en un objetivo de exterminio. En este caso, el pensamiento de odio estaba basado en lo religioso, y después se transformó en algo ritual, en algo más popular. En este sentido, lo particular que tiene la Shoá es la intención global del exterminio.

-¿Cuánta gente fue recluida en el gueto? ¿Quiénes lograron sobrevivir?
-El gueto de Varsovia tuvo 3,4 kilómetros cuadrados y llegó a albergar en sus momentos de mayor población entre 450.000 y 470.000 judíos. Los jóvenes que lograron salvarse de la deportación para el exterminio lo hacen por el carácter grupal, el compartir, la abnegación entre pares y amigos, el liderazgo que van tomando en el gueto - del que no se salvan de casualidad-, mientras ven a sus padres, hermanos, abuelos y otros amigos siendo deportados al campo concentracionario de Treblinka.

-¿Qué otro tipo de resistencias se gestaron en el gueto?
-Paralelamente ocurrió un gran acto de resistencia intelectual, que es la creación del archivo que en hebreo se llama Óneg Shabat, fundado por el doctor Emmanuel Ringelblum, que juntó testimonios, documentación, archivos y fotos -desde el comienzo de las deportaciones- en latas y tambores de 25 litros enterrados en Varsovia, y que fueron encontrados una vez concluida la guerra. Todo esto ocurre bajo un concreto y muy cercano riesgo de muerte.

-¿Qué importancia tuvieron los jóvenes en los levantamientos? ¿A qué atribuye su grado de participación?
-Uno de los fenómenos interesantes es el establecimiento de movimientos juveniles judíos de diversas tendencias ideológicas y políticas de izquierda y derecha. Estos jóvenes se formaron después de la Primera Guerra Mundial a partir de ideas pacifistas y de no tomar la realidad como una única opción. Fueron, en cierto sentido, rebeldes. La participación y el liderazgo en los levantamientos no ocurrieron solamente en el gueto de Varsovia, sino casi en todo lugar donde hubo movimientos juveniles. Ellos logran esa cohesión social de los grupos basada en objetivos comunes de vida a largo plazo, junto con la rebeldía del pensamiento crítico que los llevó a vislumbrar el exterminio masivo de las personas judías.

-En cuanto a las mujeres, ¿qué rol tuvieron en la organización de estos levantamientos?
-Cumplieron un papel muy importante, tanto en la organización clandestina como en los combates a pesar de ser apresadas, torturadas y aniquiladas. Una de ellas fue Jaika Grosman, que estuvo de paso por Buenos Aires en 1985.
Estas mujeres fueron oficiales de enlace que viajaban dentro de la Polonia ocupada pasando información, noticias, y estaban cara a cara con el enemigo. Ni hablar de las mujeres partisanas que empuñaron armas desde los primeros momentos de la organización clandestina. Ellas son famosas por haber volado trenes y cortaron el circuito del tránsito de las líneas de provisión del ejército alemán, entre otras cosas.

-¿Cómo concluyeron los levantamientos en el gueto? ¿Qué repercusión tuvieron?
-El levantamiento fue sofocado por las fuerzas del general Jürgen Stroop el 8 de mayo, cuando le anunció en un cable a Hitler que la ciudad de Varsovia estaba limpia de judíos. Estamos hablando de la acción temprana civil y más larga que tuvieron en contra los alemanes en la historia de la Europa en guerra. Sin duda se produjeron más actos de resistencia, porque en realidad todo acto de supervivencia en los guetos y campos de concentración eran actos de resistencia cultural, física y espiritual.

-En relación al impacto de los discursos de odio que mencionó al principio, ¿qué impacto considera que pueden tener ese tipo de prácticas en la actualidad?
-Los discursos de odio pueden conducir a genocidios. Sin que necesariamente se trate de genocidios de la envergadura del genocidio armenio, que antecedió al Holocausto judío, o el genocidio gitano y Tutsi. Sin llegar a esa envergadura, es transformar a una población o a un grupo social, ideológico o político en objeto de discurso de odio. Esto incluye la intención de su desaparición, de su eliminación. Ya sea la desaparición pública, de las ideas, o la desaparición de quien las escribe.

-¿Cómo se combaten este tipo de discursos?
-Primero que nada, estamos hablando de un compromiso ético y moral en la lucha contra esto. No puede ser una lucha divergente. La lucha contra los discursos de odio es una lucha contra la discriminación y puede llevar a una lucha global y desinteresada que hay que acompañar.
 

Nunca Más en el Holocausto, una "bandera de advertencia contra todos los genocidios"

La consigna Nunca Más "surgió a raíz del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial" pero "cobró un carácter universal como bandera de advertencia contra todos los genocidios", aseguró el periodista e historiador Moshé Rozén en el marco del 80º aniversario del levantamiento del Gueto de Varsovia.

Adoptada en 1984 por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) la expresión "Nunca Más" fue el título del informe final para enjuiciar y condenar a las Juntas Militares de la última dictadura militar argentina.

En este sentido, Rozén aseguró a Télam que "el lema Nunca Más surgió a raíz del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial", y agregó que "hubo distintas consignas formuladas en aquel trágico contexto".

"Una de ellas fue no vayamos como rebaño al matadero, proclamada por Aba Kovner, uno de los líderes de los combatientes en la insurrección contra el nazismo y la masacre de las comunidades judías", explicó.

Este hecho se verifica en el año 1985, cuando Jaika Grosman, miembro del movimiento juvenil judío Hashomer Hatzair y quien tuvo un "destacado papel en la resistencia" contra los nazis, visitó la sede de las Madres de Plaza de Mayo y a Hebe de Bonafini, en Buenos Aires, recordó Rozén, quien acompañó a la ya fallecida líder y combatiente en su visita a la Argentina.

Durante ese encuentro, indicó que Grosman "se emocionó al comprobar que uno de los lemas surgidos en la batalla contra la opresión nazifascista, la frase Keinmol Mer, que en idioma idish significa nunca más, servía de consigna movilizadora por la aparición con vida de los secuestrados por la dictadura cívico militar argentina y como un pedido de juicio y castigo a los culpables" de las cúpulas castrenses en el país.
"Grosman sostuvo siempre que hay un hilo conductor entre la persecución racial desplegada por la Alemania nazi contra la judeidad europea y las políticas totalitarias que culminaron en masacres y discriminación en otros lugares del planeta", agregó. Su encuentro con las Madres de Plaza de Mayo en Argentina fue parte de la intensa actividad que desarrolló por los derechos humanos y las libertades civiles.

"Cuando le pregunté sobre su enérgica motivación política, me respondió que era su compromiso para que nunca más ella ni nadie vuelva a vivir el horror del genocidio perpetrado en la Shoá", señaló Rozén,
Y añadió que si bien la consigna también "tiene antecedentes previos al holocausto", "los combatientes de la resistencia contra la Alemania nazi se inspiraron en aquellas convocatorias para asumir a ese Nunca Más como un imperativo de la insurrección".

Otras voces indican que el concepto "Nunca Más" fue sugerido a la Conadep por Marshall Meyer, integrante de la Comisión y rabino de la Comunidad Bet El, del barrio porteño de Belgrano.
Meyer fue quien sugirió acuñarla como título del informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas creada por el presidente Raúl Alfonsín, el 15 de diciembre de 1983, encargada de investigar las denuncias por desaparición, secuestro y torturas de personas durante la última dictadura cívico militar en Argentina.
También se reforzó su valor histórico al ser incluido en el alegato final del fiscal Julio César Strassera en el juicio contra los integrantes de la Junta Militar: "Ahora que el pueblo argentino ha recuperado el gobierno y control de sus instituciones, yo asumo la responsabilidad de declarar en su nombre que el sadismo no es una ideología política ni una estrategia bélica, sino una perversión moral (...)", dijo casi al final de su alocución.
Y concluyó: "Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ¡Nunca Más!".

 

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