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21 de mayo de 2024

La mágica historia de un padre y su hijo unidos por una Siambretta

Los rosarinos Rubén y Edison comenzaron a reconstruir la moto por casualidad, pero con el tiempo forjaron un vínculo indestructible a través de esa pasión compartida. Nota: diario La Capital

No es una historia más. Los fierros y la sangre los unen. Rubén Tato tiene 80 años y siempre anduvo en una Vespa. En 2006 cambió de marca y se subió a una Siambretta. “Pero en el medio pasaron cosas”, le confesó a Motores en la intimidad de su hogar antes de brindar la sincera y emotiva entrevista. La nueva moto debía ser reparada casi por completo. Como un pintor amigo no le pudo tomar el trabajo por la gran pedrea que azotó a Rosario y región el 15 de noviembre de ese año, apareció en escena el hijo de Rubén, Edison. Y con su fuerza juvenil le dijo sin vacilar a su papá que él se haría cargo de pintarla en el fondo de la casa, en zona sur. Ese instante marcó un antes y un después. De ahí en más no solo comenzaron a restaurar la nueva moto de la familia sino que forjaron un vínculo indestructible. Los dos, a través de esta pasión compartida, dejaron además de ser más que un padre e hijo para erigirse en los máximos referentes en el rubro. Sea en Rosario como en el país.

Para Rubén y Edison no solo se trata de restaurar una Siambretta. Hay un trasfondo que los envuelve de manera natural. Ambos estudiaron, se recibieron y actualmente son asesores de empresas en Higiene y Seguridad. Pero tienen un hobby que los hace diferentes.

Restauran este tipo de motocicletas que fueron un ícono de la industria argentina en los años 50 y 60. Lo hacen en sus tiempos libres, pese a que aseguran que están todos los días despuntando el vicio e intercambiando ideas y “momentos juntos impagables”.

Pero para Edison (44 años) es especial. Porque realiza esta actividad no solo por amor a los fierros sino además porque lo siente y vive como un tributo a su padre, que va mucho más allá del metal y el aceite. Los dos recibieron a Motores y contaron cómo comenzaron a escribir esta particular historia de padre e hijo unidos por la sangre y la pasión tuerca.

 

Edison, ¿cómo se te dio por incursionar en estas motos?

“Por mi viejo. También puede decirse que fue por necesidad y urgencia, ja. Lo que pasó realmente es que en 2006 mi viejo compró una Siambretta 125 Standar modelo 54 fabricada en Italia. Fue en ese noviembre que cayeron piedras gigantes en la ciudad, y el chapero amigo le dijo que no podía atender su moto porque tenía mucho laburo con los autos que le llegaron estropeados. Cuando me lo comenta, le propuse que la pintemos nosotros. Primero me miró y al toque me dijo que sí. Así que mandé a arenar las piezas y luego la pinté. Y ahí está aún, muy bien cuidada”

 

 

¿Ahí te despertó el interés por incursionar en un modelo de motos especial, ya que generalmente a muchos se les da más por las japonesas u otro estilos urbanos?

 “Es verdad. Es más, a mí siempre me habían gustado las Vespas porque mi viejo siempre tuvo una, pero una vez compró la Siam y la usé cuando mis padres estaban de vacaciones. Se dio de la nada misma. Recuerdo que fuimos junto a mi esposa a su casa para darle de comer al perro y para regar las plantas y vi la moto. Le dije si quería dar una vuelta y salimos. Me encantó, no solo el andar, sino todo. Quedé maravillado, esa es la realidad. Así que me propuse buscar una para comprar”.

 

¿La conseguiste rápido?

“No, pasó un poco de tiempo. Resulta que frente a la casa de mis viejos había un cerrajero, Silvio, que tenía una. La tenía desarmada del año 70. Le pregunté si la vendía y me dijo que no porque pensaba armarla. Fue entonces que seguí buscando por otros lados hasta que un día apareció solito mi vecino y me consultó si todavía me interesaba la moto. Le respondí que sí, entonces accedió a venderla porque me comentó que justo se le había roto la heladera y debía comprar una. Se ve que le venía bien algo de dinero extra. La adquirí en un monto más que aceptable y me la traje a casa. Es más, estaba toda desarmada en cajas. Le faltaban piezas, de todo un poco, pero decidimos meter manos a la obra y comenzamos a restaurarla. Y así fue que lentamente le dimos forma hasta completarla”

 

¿Era un mundo nuevo eso para vos?

“Totalmente, porque antes habíamos restaurado en los años 90 con mi viejo un auto MG, que era para nosotros en realidad. Lo de las motos se dio porque compré una que estaba toda desarmada, no quedaba otra. Esa es la realidad. Empezamos a meter mano de pura pasión por este tipo de motos. Nos ocupamos de la chapa, pintura, motor, piezas y accesorios. Ante la falta de recursos tuvimos que hacer todo nosotros, así de sencillo”.

 

¿Te resultó complejo armarla?

“Sí, pero no por falta de desconocimiento, pese a que buscamos manuales, vimos y leímos bastante sobre la Siambretta. Lo difícil fue porque no la habíamos desarmado nosotros, entonces había que adivinar dónde estaba cada pieza y cuáles faltaban. Ese fue un verdadero caos porque nos costó el doble de lo normal dejarla ensamblada nuevamente. No era desconocimiento sobre las partes sino los faltantes y buscar en cada caja qué había y luego probar si era lo que realmente necesitábamos para tal cosa”.

 

¿Compraron piezas o se las ingeniaron con otras similares?

 “En realidad, el espíritu de la restauración es recuperar la mayor cantidad de piezas originales posibles. Y eso es lo que hicimos. Porque también es verdad que a veces te ofrecen ciertos accesorios que están peores que los tuyos. Entonces hay que meterle dedicación y paciencia para tratar de recuperar lo que a simple vista parece imposible”.

 

¿Son restauradores naturales de Siambrettas?

 “Digamos que sí, pese a que somos hobbystas. Porque nosotros trabajamos también en otra actividad como es el asesoramiento a empresas en Higiene y Seguridad. La restauración comenzó para consumo interno y terminó en algo que no esperábamos, porque desde entonces venimos agarrando trabajo para restaurarlas”.

 

¿Son los únicos que restauran?

“Con el empeño y detalle que le dedicamos a cada moto, sí. Luego hay una o dos personas más en la ciudad que se dedican también, pero a nivel general de motos”.

 

¿Cuál fue la primera impresión que recuerdan cuando llegaron al primer encuentro de Siambrettas?

 “Nos miraron con cierta sorpresa por las condiciones en que estaban las motos. Para nosotros era normal porque se trataba de un par de Siambrettas restauradas, pero se ve que estaban en mejores condiciones de las que uno creía, je”.

 

¿Les llegaron motos del interior o de otras provincias para restaurar?

“Sí, ambas cosas. Incluso hemos restaurado alguna de acá y su dueño la terminó vendiendo a otra provincia. Tal es así que varias fueron a parar a Buenos Aires”.

 

¿Sí o sí trabajan juntos?

 “Así es. En ese sentido, no dudamos. Hacemos todo juntos”.

 

¿Alguno se destaca más que el otro en algún aspecto puntual?

 “En chapería, Edison es un genio. Y lo más relevante es que aprendió solito. Es un genio”.

 

Lo que está claro es que es un trabajo íntegramente artesanal.

 “Por supuesto. Lo nuestro es todo a mano. Por ejemplo, si un porta faro está abollado, lo agarramos con paciencia y golpecitos muy suaves hasta dejarlo como estaba original. Y así con otras piezas o accesorios. Somos muy cuidadosos en todo porque para hacer este trabajo hay que tener pasión y amor por este tipo de motos”.

 

¿Tienen un plazo para restaurar una moto?

“No, ni tampoco nos ponemos. Cada moto lleva su tiempo. Pueden ser meses de arduo trabajo. De hecho, tenemos casi lista una que llegó hace más de un año. Somos muy meticulosos y hasta que no quede como original no damos por cerrada una etapa. Somos especiales”

 

¿Si se dedicaran de lleno a las restauraciones, podrían terminarlas antes?

 “No lo sabemos, porque cada moto tiene su propia historia y lleva su tiempo. Para hacerlo mal, no lo hacemos. Para eso están los denominados manos negras, que agarran estas motos pero no ponen la pasión que requiere este tipo de motos y por eso hacen desastres. Son criminales en este sentido. Nosotros hacemos otro tipo de labor. Somos muy detallistas y mimamos a las motos como debe ser”

 

¿Y ustedes chocan mucho cuando están trabajando en el taller?

“No, en ese sentido nos llevamos de diez”.

 

Es llamativo, porque generalmente sucede que padres e hijos se llevan como perros y garos cuando trabajan juntos.

 “Sabemos que en muchos casos es así, pero no es el nuestro. Disfrutamos mucho pasar tiempos juntos y hacer algo que nos apasiona. Incluso hasta nuestras mujeres a veces nos acompañan cebándonos mates o estando con nosotros. Sinceramente, para mi es un orgullo hacer esto con mi querido viejo. Es una manera de estar y compartir la misma locura por los fierros. Y eso se lo agradezco porque lo aprendí de él. Además, esto me permite disfrutarlo y estar mucho a su lado. Está bueno, porque sé que en el final del camino no me quedaré con eso de decirme... pucha, qué cagada que no compartí o no hice más cosas con mi papá. La vida pasa por acá, por estar juntos, disfrutar, vernos, sonreír juntos, putear juntos...somos eso en definitiva...un padre y un hijo unidos por la misma pasión y que se tienen mucho amor. De hecho, siento que esta entrevista es más un homenaje y dedicatoria para él, más que para mí”.

 

Y vos como padre, ¿te imponés o hay consenso en todo?

 “No, hablamos y enseguida definimos todo sin problemas. Es hermoso lo que hacemos porque congeniamos de una manera muy especial”.

 

¿Qué te genera como papá compartir un hobby con tu hijo sabiendo que pasaste muchos años trabajando de tarde, incluido los fines de semana?

 “Uff... me emociona. Es así, me pasé muchos años trabajando de tarde, incluso los sábados y domingos. ¿Sabés lo que es tener que irte y no poder hacer nada con tus hijos desde lo social? Es duro desde ese punto de vista. No tuve la posibilidad de estar el tiempo que me hubiese gustado con mis dos hijos. Las obligaciones y necesidades a veces te pasan esas facturas, por eso ahora me emociono. No soy el único, porque hay muchos padres que pasan por esto. Pero debo admitir que ahora que trabajamos juntos en todo, porque estamos unidos en las dos actividades, es inexplicable....es hermoso”

 

¿Es verdad que además estudiaron juntos?

 “Si, hicimos la carrera de Higiene y Seguridad y la licenciatura. Fue algo loco, pero nos divertimos también estudiando o cursando juntos en Paraná. Son momentos ganados también”

 

¿Actualmente tienen una moto cada uno?

 “Así es”.

 

¿Hacen otras cosa juntos?

 “Empezamos a correr carreras de regularidad en autos. Es una forma de estar más tiempo juntos. Priorizamos los momentos en realidad”.

 

Dicen que cuando se hace un trabajo artesanal o con pasión es terapéutico ¿Les pasó eso?

 “Sí, a mi (Edison). De hecho, en pandemia armé una moto que me sirvió como terapia. Estaba mal porque había perdido a mi primo hermano Leonel. Estaba mal realmente. Encima no pudimos despedirlo por los protocolos. Era todo impotencia en ese momento así que me aferré a una moto y metí mi cabeza ahí”.

 

¿Pudiste sanar desde lo emocional?

“Así es. Fue algo duro, pero salí adelante. Fue mi cable a tierra en ese momento. Esa moto es muy especial porque no solo la restauré a mi manera sino que atrás hay una historia, como también la tienen miles de personas con un vehículo”.

 

¿A tu primo le gustaban las motos también?

 “Sí, incluso hicimos una juntos una vez. La armamos y se la regalamos a su padre, es decir, a mi tío y hermano de mi papá”

 

¿Qué son los fierros para ustedes?

“Los dos vivimos pensando en cosas que se alimentan a nafta. También tenemos un dicho, los fierros unen. Mirá ahora, estamos acá haciendo la nota porque trabajamos juntos y restauramos Siambrettas. Más hermoso que eso, no hay”.

 

¿Y cómo se definirían?

“Como raros. Muy apasionados y detallistas por lo que hacemos y muy unidos, muy compañeros. Restauramos Siambrettas, pero a la vez coleccionamos momentos juntos”.

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