31 de agosto de 2026
Un ojo no es tanto para Patricia Bullrich
Por Jose Luis Lanao Imagen: Jonathan Leandro Navarro, el hincha de Chacarita reprimido por la policía. Archivo
El odio fascina. Se ha convertido en la némesis de nuestro tiempo. Ese odio salvaje, obsceno, irracional; tan ligero de piel y huesos, tan cotidiano y doméstico. Habrá notado que el odio es el gran negocio de nuestro tiempo. Cuando un grupo confuso no tiene nada en común, nada lo acopla tanto como inventarse un odio compartido. Lo malo es que el odio se vuelve contagioso. Lo vemos en ese pueblo que ha caído en la oscura trampa de salvar el pellejo a un imbécil (Bibi) que mata a un niño por hora para no pagar por sus propios delitos.
La dosis brutal de “nacionalsocialismo” nos había dejado casi vacunados contra el odio: nadie lo reivindicaba, quedaba feo, sonaba viejo, perdedor. Pero en un mundo donde es mejor dar miedo que lástima el odio ha recuperado su grandeza y su legitimidad. Da lo mismo que no existan razones fundamentadas para detestar al prójimo. Se busca el odio donde sea. Hasta donde no lo hay; y si no lo hay, se lo fabrica.
Deshumanizar es el primer objetivo del odio, el elemento básico de cualquier forma de sufrimiento. ¿Cabe preguntarse cuánta excitación malsana atraviesa el cuerpo de Patricia Bullrich para disfrutar tanto con la represión salvaje y sistemática a los jubilados? ¿Cuántos integrantes y medios afines al Gobierno babean ante tanta brutalidad? Si el odio fascina, la represión más.
El miércoles 12 de marzo de 2025 Jonathan Navarro, un obrero de 33 años, oriundo de San Martín e hincha de Chacarita, alcanzó a ver a los prefectos tirar balazos de goma mientras se reían y los incitaban a reaccionar. Unos segundos después vio un arma que le apuntaba directo a la cara, sintió un estallido, un impacto y la sangre que empezó a salir de su ojo izquierdo. El disparo lo ejecutó la pistola química del policía Sebastián Emanuel Martínez, un caso ahora elevado a juicio oral y público por la jueza federal María Servini. Tal vez un ojo no sea tanto para Patricia Bullrich.
Prefectura intervino aquella tarde con su fuerza antidisturbios a pedido de la Policía Federal, bajo el mando de un Comando Unificado a cargo de la entonces ministra. Senadora que esnifa todo el tiempo rayas de odio fino sin procesar. Se gusta y se asume, mientras desprende una furia de clase de perro lobo asociada al gran Capital, y a todas las formas geométricas posibles -incluido el círculo rojo- sirviéndose de esa embriagadora teatralidad de un fascismo festivo de macho cabrío. Se sabe, se empieza reprimiendo con alegría una manifestación de jubilados, y se termina normalizando que un saludo nazi es un saludo nazi. ¿Dime a quién odias y te diré quién eres?, pocas frases definen mejor los días que vivimos.
A Navarro le fusilaron un ojo los del gatillo fácil; en un país con demasiada hambre, demasiada desigualdad, demasiada pobreza, y demasiada pólvora también. En el subgénero de la ficción política lo que mejor se vende es el odio. A este Gobierno deshumanizado se le podría decir aquello que Picasso le contestó a un oficial nazi que, frente a una fotografía del “Guernica”, le preguntó si lo había hecho él: “No, lo hicieron ustedes”, respondió.
(*) Ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón mundial 1979