El horror y la fiesta, a unas cuadras de distancia
A metros del Monumental donde se jugaron, entre otros, el partido inaugural y el de la coronación de Argentina se encontraba el centro de detención y torturas de la Escuela de Mecánica de la Armada.
El 1 de junio de 1978 a las 15, Alemania Federal -campeón vigente- y Polonia, con el arbitraje de Ángel Coerezza, le dieron inicio al Mundial de fútbol organizado por Argentina, que había recibido la sede 12 años antes. El escenario fue el estadio Monumental, de River Plate. Unas cuadras más allá, la sangrienta dictadura cívico militar encabezada por el genocida Jorge Rafael Videla convertía a la ESMA en el símbolo de la noche trágica en la que había hundido al país.
Esa contradicción, la de la fiesta y el horror separados por unos metros y profundizada 25 días después con la coronación del seleccionado de César Luis Menotti, es una herida que se mantiene abierta en la memoria colectiva de los argentinos.
"Cuando la Junta de Comandantes abrió la ceremonia, decenas de detenidos desaparecidos escuchaban los gritos del festejo mientras convivían con el horror de las salas de tortura", sintetizó el Museo de la Memoria (ex ESMA) en su publicación "Historias sin Olvido".
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