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CURIOSIDADES

7 de octubre de 2020

Coleccionista argentino con más de 18000 autos y un Batimovil original

Adquirió un Batimovil original pero a escala real. El de Goldvarg fue el único de los cinco que se crearon para la serie, que fue patentado fuera de Estados Unidos.

"Todo empezó cuando tenía 4 años y vi un Matchbox en la vitrina de un kiosco. Todavía recuerdo que le tiraba del vestido a mi mamá, me hizo upa y me lo compró", cuenta. Era un camión de bomberos que aún conserva. Cuando cumplió seis años, sus padres le regalaron el primer auto en escala 1:43, un Jaguar tipo-D. Ese fue el comienzo de la colección de Sergio Goldvarg, que sigue creciendo hasta el día de hoy, casi seis décadas después.

Nacido en Buenos Aires, cada elemento de su casa tiene un porqué y esconde una pasión. Pero lo más preciado son sus autos en escala, aquellas joyas que se disponen detrás de vitrinas. "Acá hay solo unos 4000 o 5000. En total tengo unos 18.000. El resto está guardado en cajas y cada tanto los voy cambiando".

Son autos de colección, en dos escalas diferentes (1:43 y 1:18), que lo hicieron merecedor de dos Premios Guinness, por tener la mayor colección de autos del mundo en ambas categorías. Hay de Fórmula 1, coches históricos con sus personajes adentro, autobuses de todo el mundo (incluido aquel que trasladó a los jugadores argentinos en el Mundial 74), y hasta autos fúnebres tapizados en su interior con pana. La historia está plasmada en estos estantes. Algunas son piezas únicas en todo el mundo.

Goldvarg fabrica autos de colección, en dos escalas diferentes (1:43 y 1:18), que lo hicieron merecedor de dos Premios Guinness. Con los años, se topó con algunas frustraciones. Había autos que quería atesorar, pero no existían en el mercado, por lo que decidió comenzar su propia marca: The Goldvarg Collection.

Así, lanzó en 1988 la primera fábrica de automóviles de metal blanco en América del Sur. Tuvo que crear toda la maquinaria necesaria para el proceso de fabricación, ya que no había experiencia disponible. Diseñó la que fundía el metal, la de centrifugado, determinó las proporciones adecuadas, la temperatura de fundición y hasta la pintura bicapa, como un auto real. "No son juguetes, son joyas con forma de auto. Por eso fui a la escuela de orfebrería Raggio y puse un cartel para tomar estudiantes para hacer autos en escala. Seleccioné chicos con muy buena mano. Hay que trabajar con lupa, sacar la rebarba de los vidrios, lijarlo, masillarlo por si hay burbuja, tiene que ser alguien muy delicado", cuenta.

Con la ayuda de su mujer Mariana, después de un año de inversión y trabajo, un viernes a la noche nació su primer ejemplar: un Oldsmobile Starfire 1957. A la mañana siguiente, voló a Los Ángeles y lo llevó a un negocio del que era cliente, Autofanatics. El vendedor fue tajante: "Mándame 100". Estaban sus clientes, lo levanta y dice: "¿Quién lo quiere?" Como era un auto americano, todos lo querían. "Volví con mucha energía, recibí el impulso para dedicarme a esto", relata.

Pronto, los "Goldvargs" se vendieron en Estados Unidos, Francia, Alemania y Países Bajos. Ciertos modelos de su línea, como el Packard Woodie Wagon 1948 con madera de caoba real en los lados, fueron los más vendidos en comparación con otras marcas bien establecidas.

Pero como tantas veces sucede en la Argentina, los vaivenes económicos llevaron a que exportarlos se volviera difícil. Goldvarg cerró la fábrica, agarró sus valijas, sus miles de autos y se mudó en 2002 a las afueras de Miami.

 

Empezar de nuevo

Una vez en tierra norteamericana, el empresario puso un restaurante temático, con 900 autos expuestos en las paredes. Al mes de inaugurar, se festejaba Halloween. "Lo anuncié y me disfracé de Batman. Llegué en el Batimóvil. Fue toda la ciudad, fue impresionante. El marketing soy yo mismo", cuenta.

La central de policía estaba enfrente. A partir de ahí le propusieron hacer beneficencia con su auto y ha participado de decenas de eventos. Pero el restaurante era muy demandante y Goldvarg quería retomar la fabricación de autos. De a poco, comenzó el diseño de nuevas réplicas. "Primero me llevaba dos horas por día, después tres, cinco. Finalmente no daba más porque de día trabajaba en el restaurante y de noche en los autos. En 2017 surgió la oportunidad de venderlo, y lo hice. Hoy me dedico 100% a la fabricación de autos", cuenta.

A diferencia de su emprendimiento en la Argentina, ahora fabrica en China. "Tuve que aplicar para royalties. Primero cerré con Ford, luego General Motors y acabo de obtener la aprobación de Chrysler. Hago sólo autos americanos de 1950 a 1970. Yo elijo los autos según mi criterio, busco el material, hago los planos, el diseño, y el prototipo en la escala definitiva. Si me gusta cómo queda lo mando a fabricar. Me lo envían terminado de China, controlo la calidad uno por uno, y de acá se distribuye", explica.

En su casa de Florida tiene unos 4000 o 5000 autos en exposición en estantes, pero en total cuenta con unos 18.000. "El resto está guardado en cajas y cada tanto los voy cambiando", cuenta.  Las automotrices le proporcionan los planos, pero el volumen no se puede ver en un papel. Entonces Goldvarg busca el verdadero, viaja a verlo y fotografiarlo. "Los dueños generalmente se ponen contentos. Le saco unas 3000 fotos, como si hiciera un escaneo, con cada detalle por fuera y por dentro. Después lo voy midiendo por parciales y totales, y ahí hago los planos hasta llegar a un prototipo", agrega.

Al fabricar un modelo, quiere que el auto sea buscado. Por eso, solo hace 400 unidades por cada modelo y color, y no vuelve a replicarlo nunca más. Cada auto tiene una placa con su numeración. "Quien no lo pudo comprar en ese color, no lo consigue más. Al año vuelvo a hacer el modelo pero en otro color. Generalmente, si hice un auto de cuatro puertas, ese coche también lo transformo en rural por ejemplo", detalla. Cada auto cuesta 100 dólares.

Desde que empezó hace dos años y medio, va por el modelo número 40. En la Argentina ya había hecho 27 más. Todos en la escala 1:43, la universal.

Otro de los modelos que está vendiendo con éxito tiene que ver con la flota en tierra de Panamerican. "Yo busco símbolos de Estados Unidos de los años 50 a 70, y Panamerican y Branif eran los íconos de entonces. Les pedí la licencia y empecé una serie de autos de flota de tierra de ambas compañías. Nunca nadie lo había hecho. De esos estoy vendiendo bastante, no solo para el coleccionista sino para el fanático de la aviación", relata.

En un futuro el empresario imagina fabricar autos europeos, pero siempre antiguos. "El que colecciona autos en escala suele ser gente grande. Quiere tener un pedazo de la historia de su niñez, de su primer auto. Hay quienes hacen réplicas de autos nuevos pero yo no le veo el atractivo", opina.

Hay unas 50 fábricas en el mundo que hacen autos a escala, y Goldvarg Collection es reconocida mundialmente pese a su corta historia. El año pasado fue elegida la fábrica del año por el Model Car Hall of Fame y recientemente dos de sus autos fueron elegidos entre los cinco finalistas como mejor auto de 2019.

 

De Sergio a superhéroe

También adquirió un Batimovil original pero este a escala real. El de Goldvarg fue el único de los cinco que se crearon para la serie, que fue patentado fuera de Estados Unidos.

Su pasión por Batman lo acompaña desde chico, aunque su personificación vino de la mano del Batimóvil. El importador de sus réplicas en los Estados Unidos, sabía de la locura de Goldvarg por adquirirlo. Un día de 1995 sonó el teléfono y el americano le dijo "hay uno disponible, pero no está en muy buen estado". Goldvarg llevaba buscándolo once años. Le dijo a su esposa que había un problema con la exportación de sus réplicas, y se tomó el avión a Estados Unidos. Lo vio e instantáneamente se lo imaginó restaurado, trabajo que se hizo allí mismo.

"Mis hijos veían Batman cuando iban al colegio a la mañana. Mientras el auto estaba en viaje, les conté en secreto, que era una sorpresa para mamá. Cuando llegó el auto, empezaron a acercarse vecinos y amigos. Estaba la grúa del Automóvil Club Argentino bajándolo. Mi señora llega y ve un montón de gente alrededor de mi casa, pregunta "¿qué pasó?" Ahí se enteró que había comprado el Batimóvil. Casi llama al manicomio para que me lleven", se ríe.

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