OPINIÓN
7 de julio de 2026
Subidos a la esperanza, escoltados de plegarias
Esta vez nos tocó sufrir, buscando lugares inhóspitos donde refugiarnos.
Por José Luis Lanao. Ex jugador de Vélez, clubes de España, y campeón Mundial Tokio 1979
Existe un fútbol que te muerde las tripas, que te aprieta el hígado, que te sopla la nuca. Lo notas enseguida. Es todo nervio. Bulle en los gestos, en los quiebros, en los detalles. No tiene porque ser de contacto. Con la pelota en los pies también se puede crear un fútbol de alta intensidad, que hierva la sangre, que te desencaje el talante.
Argentina lo tiene todo para hacerlo, pero no lo hace. Sabemos que lo importante es que el balón te quiera, que esté de tu parte, que le caigas bien; pero a veces te pide algo más. Una mayor profundidad, más intensidad, con un ritmo más “insultante” con el adversario. Argentina lo tiene, pero no lo usa. Se refugió en el toque intrascendente, poco transversal, indoloro, que terminó por convencer al adversario de que si “tu no vienes yo no voy”. Y Egipto no “fue”. Se atomizó atrás, edificando un comportamiento defensivo eficaz, para desequilibrar el encuentro con un cabezazo aislado de Yasser. A partir de ahí, la desesperación; que se volvió más acuciante luego del penal desaprovechado por Messi, y el segundo tanto egipcio.
El triunfo llegó en los últimos 15 minutos de partido, con la aparición, una vez más, del faraón Messi. Un sufrimiento innecesario. Se está llegando lejos, muy lejos, con poco, muy poco; ante un calendario favorable de selecciones de poca envergadura.
Pero para eso son las victorias, para mirarse en el espejo, analizarse, y quererse un poco más. Para imaginar el mañana con el placer de hoy, para recuperar la fe en el futuro, y la confianza definitiva con todas sus imperfecciones a cuestas.
Argentina vuelve una vez más a dibujarnos una sonrisa; con un fútbol escaso, no en actitud de alegría sino de plegaria. Nada es tan hermoso como ese fútbol luminoso que provoca el contagio colectivo, de pertenencia, de cobijo. Esta vez nos tocó sufrir, buscando lugares inhóspitos donde refugiarnos.
Del hecho de que todo sea irrepetible nace la belleza de estar vivo. La felicidad es un concepto abstracto que se concreta en un pedazo de pan con dulce de leche en una mano y una pelota en la otra. En un país renovado, más limpio, con el aire más puro.
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