OPINIÓN
1 de julio de 2026
Cabo Verde, fútbol y marxismo revolucionario
El rival de Argentina, un pueblo aguerrido que trasladó su historia al balón.
Por José Luis Lanao, Periodista, exjugador de Vélez, clubes de España y campeón del Mundo 79.
¿Cuántas personas tienen una idea de Cabo Verde, así como para comentar en una cena? Si sacas el tema, se haría el silencio; alguien preguntaría por el postre. Sin embargo, conocemos muy bien los “corn flakes” que desayuna Taylor Swift. No sé cómo sobrevivimos a tanta sabiduría. Y ojo con la ironía. Estás un día comiendo, y viene alguien y te dice: “¿Sabes? Ya no te podés reír de los que le quitan lo blanco al jamón cocido. En las redes han descubierto que no están solos y han creado un grupo LGBJC y un “hashtag” solidario. No hay quien pueda con las letrinas “tuiteras”.
En ocasiones, quien calla no otorga, se documenta. La isla de Cabo Verde vivió toda su vida condicionada por las luchas de liberación nacional. La creación del “Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde”, en 1956, fue la solución al fascista régimen portugués. Su fundador, Amílcar Cabral, ingeniero y escritor marxista, inspirado en la revolución cubana, decidió empuñar las armas, además de la palabra.
Encabezó una de las pocas luchas en donde un pueblo derrotó al colonizador y alcanzó la libertad, hecho ignorado muchas veces. La proclamación unilateral de independencia de Guinea-Bisáu anunciada por el líder el 8 de enero de 1973 le costó la vida. El 20 del mismo mes era asesinado por el gobierno portugués. Dos años después del crimen, el 5 de julio de 1975, Cabo Verde alcanzó su independencia. El país pasó a vivir una etapa de marxismo socialista de partido único que se extendió hasta la década del 90. El declive global del modelo socialista permitió ceder a las presiones democratizadoras. El país celebró sus primeras elecciones multipartidistas en 1991. El PAICV (heredero del partido fundado por Amílcar Cabral) gobierna en la actualidad, y lo hace desde 2021.
Como se ve, es un pueblo aguerrido. Se puede decir que toda su historia revolucionaria la han trasladado al balón. Exhiben un fútbol de esfuerzo colectivo, sacrificado y rocoso, apiñados esperando al enemigo. Se quieren convertir el viernes en la némesis de nuestro momento futbolístico. Esperemos que su “subidón” solo sea coyuntural. Eso sí, debemos ser prudentes; de revoluciones ganadas saben algo.
