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OPINIÓN

14 de agosto de 2026

Odio de clase y el trapo de Fuerte Apache

Thiago Almada y la historia de la bandera de Malvinas. Por José Luis Lanao

En medio de una sobremesa acalorada puede que un comensal defensor de Milei suelte gotículas de salivas que después de volar por el aire vayan a caer en tu plato cargadas de ideología. Si te las tragas deberás imaginar qué pasará cuando la crispación entre a formar parte de tu riego sanguíneo. Cuando oigas rebuznar en tu cerebro al presidente, ponte a salvo, y como antídoto elige un poema de Horacio y verás que las palabras también pueden tener una cadencia áurea y un sonido de manantial.

Si te duelan cosas que antes no te dolían, vete a la cama. Uno se “resetea” durante el sueño. El cerebro se apaga, y pone en orden todos los cables. Si con los años te has vuelto un tipo esquinado de extrema derecha, si te “reseteas”, puede que vuelva a emerger del pasado aquel chico progresista deseoso de librar al mundo de las injusticias universales. La historia humana, en su locura, vuela hacia ninguna parte y va dejando atrás una estela de crueldad, de impostura y de cinismo.

Las palabras encierran mundos, las palabras construyen y destruyen y su eco perdura para siempre, porque los seres humanos somos sobre todo narración, somos palabras en busca de sentido. Cuanta algarabía se desató detrás de un bandera que hoy sabemos fue diseñada por un barrio de “delincuentes”. “Fueron amigos míos de Fuerte Apache”, aclaró Thiago Almada sobre el origen del trapo del Mundial. Un barrio donde se ha instalado que la gente es demasiado perezosa, y la pobreza se debe a su excesiva vagancia. Donde el estereotipo de holgazán de clase florece como champiñones, no quiere trabajar y tira de subsidios. Donde las mujeres se dedican a engañar al sistema y paren un hijo detrás de otro para acumular apoyos estatales. Donde gran parte de la sociedad mantiene la idea de que el Estado le quita impuestos a los trabajadores honrados para sostener a un montón de indeseables.

¿Cuánto de este cóctel clasista y racista sin raza se anida ahora en la bandera del Mundial? ¿Cuánto del heroísmo de este trapo diseñado en la marginación nos representa y nos interpela? ¿A cuántos de estos pibes les forzamos a soñar únicamente con hazañas deportivas, mientras la educación pública se destruye, y le negamos una futura condición de médicos, de profesores, de científicos? La nueva modernidad piensa que la pobreza no está provocada por una injusticia social sino por el resultado de un fracaso personal.

Hoy donde vuelvas la mirada hay una armonía destemplada, un vacío tenso. Existe un rencor de clase, un odio cotidiano que se proyecta sobre congéneres contra los que se ejerce la más exquisita crueldad. Mundos interiores que no se nombran, pero están ahí, a la vuelta de tu casa.

Uno se sienta a la mesa con los deseos apagados. Se bebe y se come en silencio. De la realidad no se habla, ya nos lo hemos dicho todo, o casi todo. El trapo del Mundial nació en “Fuerte Apache”. Ese espacio “colonizado” no por los británicos, sino por una pobreza atroz, insoportable. Existen tantas “Malvinas” olvidadas por recuperar.

(*) Ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón mundial 1979

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