OPINIÓN
29 de octubre de 2026
El dedo y los mutilados del ultraliberalismo
Por Jose Luis Lanao*
A veces me pregunto cuántos difuntos hay en el país, no en el cementerio, claro, sino en sus propias casas. Esto de no saber dónde vamos, de no saber qué nos pasa. Lo que nos hizo humanos en la cueva no fue el fuego ni el arado, fue la compasión. Aun así, nos hemos convertido en carne, en mera carne, que es como nos ve el verdadero poder. Como si estuviéramos constituidos solo de tendones, de músculos, de ganglios, como si en nuestra composición no hubiera un solo átomo de carácter emocional, anímico, de humanidad. Hay días en los que uno se levanta odiando a la humanidad y en los que se acuesta amándola de pura pena que le da. Tiempos difíciles, estos. De miedo, de sufrimiento, en los que disponemos de un número de teléfono para suicidas al que quizá se pueda llamar a “cobro revertido”. ¿Desde dónde decía usted que se suicida? Desde Argentina. No se retire, le pasamos con el experto en América Latina, tenga paciencia, está muy ocupado. La broma no hace gracia, el salario tampoco.
Hemos sucumbido de forma colectiva a la molturación, pero individualmente tenemos las mismas necesidades que un sueco o un alemán. Tres comidas al día, vestido, calzado, higiene diaria y, a poder ser, cultura. Necesitamos salarios dignos, pensiones actualizadas, vivienda, salud, educación, y un horizonte sosegado que dejar en herencia a nuestros hijos. Están las clases medias y las pobres y los ancianos y los jóvenes esperando la llegada del país como el que aguarda la llegada del colectivo bajo la marquesina. Pero Argentina no llega, se diluye, se deslíe, se dispersa, nos abandona a la intemperie. Y llueve.
El que llega alegre, zumbón, es Brasil; con sus nueve dedos, con su nariz, con su boca, con sus ojos. Uno preferiría que no hubiera guerras ni hambre ni clases sociales ni seres “mutilados” por un capitalismo salvaje. Lula perdió su dedo en el “laburo”, entre obreros. Lo recuperó hace poco, entre desheredados, desprotegidos, vulnerables, médicos, universitarios, profesores, cristianos, ateos. Se lo colgó del rostro y de la campaña, y con orgullo obrero se lo mostró a su pueblo. El dedo se iluminó como un milagro, allí, donde solo había vacío.
Que yo sepa no me han “hackeado” nunca el ordenador, pero me han “hackeado” la cabeza. Uno no está para tantas sorpresas. Flavio Bolsonaro se fugó a Estados Unidos; Trump no saluda a Lula; Luis Caputo se descompensó por la deuda (ahora me dicen que fue por el mal de altura), y no hay noticias de Wanda Nara. Se los digo.
No se puede vivir así. Una más. Hace unos días, Stefano Cozza Di Carlo, presidente de River, se reunió con Christopher Landau, vicesecretario de Estado y segundo en importancia por detrás de Marco Rubio. ¿De qué hablaron? No se sabe. Dicen que de fútbol, de política, de dinero. No es habitual un encuentro así. No me digan. No creo que River quiera entrar en la OTAN, ni que vaya a invadir un país, pero tal vez se invada a sí mismo, tipo Delcy Rodríguez. Tal vez el departamento de Estado quiera contratar a “Los Borrachos del Tablón” como fuerza de choque en Palestina.
Qué se yo. Con tanto hermetismo uno se arma sus películas. De lo que sí se habló fue de reformar el Monumental. Ojo con esto, que el niño enfadado, regordete y naranja te construye un Nordelta debajo de la tribuna. Desde que asumió la presidencia Cozzo Di Carlo, se ha incrementado la relación del club con la administración y empresas estadounidense ¿Tendrá algo que ver la privatización del fútbol argentino? No sé cuántas personas tienen una idea de Stefano, así como para comentar en una cena. Si sacaras el tema tal vez se haría el silencio, y alguien preguntaría por el postre. Hay que esperar, no se puede prejuzgar. Aunque en la derecha, si no eres facho te tachan de blando, de no tener pelotas, por ser un buenazo.¿Recuerdan los del Tea Party? Parecían un grupo de chalados, pero una década después, al lado de Milei son como la parte intelectual de la extrema derecha.
El hombre llegó a la luna, y el de hoy no llega a fin de mes. Algo no funciona. El sistema es una centrifugadora de seres humanos que salen despedidos hacia los márgenes de la vida en cantidades insólitas. Te asomas a la ventana y los ves entrando en contacto con la densa atmósfera de la pobreza. Dan ganas de aplicarle un poco de crema hidratante al país.
(*) Ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón mundial 1979
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