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23 de noviembre de 2016

El plan de Verón para jugar la Copa a los 42 años

“No sabría decir con certeza por qué vuelvo a jugar al fútbol. Supongo que pasa por el deseo. En la vida hay que hacer lo que uno siente y yo hoy siento que tengo ganas de jugar al fútbol de manera profesional”, explica La Brujita sin vueltas.

Un sol solitario, gigante y radiante contempla la escena matinal en el Country de Estudiantes, en City Bell. Juan Ramón Verón está sentado en la puerta de la concentración, sereno, bajo la frescura que le regala la sombra de un árbol. Con una mano sostiene un celular y con la otra, el mate. Un metro al costado, apoyado contra una pared, Juan Sebastián Verón escucha con atención lo que le cuenta su padre, que seguro ya escuchó en más de una oportunidad. Hay un tercer hombre que sostiene el termo. Los tres, mientras conversan, miran hacia la cancha principal donde están los chicos de Séptima y Octava. Están haciendo un ejercicio de neurociencia en el marco del convenio que Estudiantes firmó con la Fundación INECO (Instituto de Neurociencia Cognitiva), dirigida por Facundo Manes. La postal de un día cualquiera de noviembre habla mucho de educación y de sentido de pertenencia. “Nosotros trabajamos más pensando en el chico que no va a llegar a ser jugador de fútbol que en el que va a llegar”.

En el mismo lugar, un par de horas después, se produce otra escena: Juan Sebastián Verón -41 años- transpira como en sus mejores épocas y se entrena como Rocky Balboa. El objetivo es el año que viene, momento en el que volverá a ser jugador de Estudiantes. “No sabría decir con certeza por qué vuelvo a jugar al fútbol. Supongo que pasa por el deseo. En la vida hay que hacer lo que uno siente y yo hoy siento que tengo ganas de jugar al fútbol de manera profesional”, explica La Brujita sin vueltas.

¿Cómo te preparas para volver?

-Con ganas y responsabilidad. El objetivo principal de todos los que estamos en Estudiantes es terminar el estadio y creo que lo de mi regreso es un incentivo más. Yo dije que volvía a jugar si vendíamos antes de fin de año el 65 por ciento de los futuros palcos, y estamos muy cerca de lograrlo. Mi idea es ayudar al club desde todos los lugares que pueda. Por las dudas, como la cosa viene bien, hace un mes me estoy entrenando fuerte con el profe Leandro De Rose. Estuve dos años afuera del fútbol y por eso me tengo que preparar de manera especial, con ejercicios de gimnasio y de campo. Para presentarme en enero a la pretemporada y trabajar a la par del grupo, debo esforzarme ahora.

¿Por qué prometiste volver a jugar y no otra cosa? ¿Te cuesta dejar el fútbol de manera definitiva?

-Lo único que tengo en claro es que nunca me voy a despedir: siempre seré y me sentiré jugador de fútbol. Nunca fui al psicólogo, por lo que no sabría decir con certeza qué es lo que hay dentro de mí con respecto a ese tema. Voy a volver a jugar porque me siento bien, no por caprichoso. El desafío más grande pasa por demostrar que aún puedo competir en el máximo nivel. Igual, repito: toda esta movida nació con el objetivo de terminar nuestro estadio. Sé del cariño de los hinchas y esto puede mover la fibra íntima del que puede aportar.

-Vas a volver porque sentís que podés. ¿No te reprochas haber perdido años de carrera?

-No, para nada. Si hoy puedo volver es porque en su momento paré y dije basta. Me retiré en 2014 (el 18 de mayo ante Tigre) porque tenía molestias que me preocupaban y que las tenía dando vueltas en la cabeza. Eso ahora no está. Había cuestiones físicas que, en el alto rendimiento, me dolían muchísimo y por suerte quedaron atrás.

-¿Tenés amigos que te dicen que estás loco?

-Hay de todo. Muchos me apoyan y me estimulan; otros me dicen que me va a doler todo. Esto pasa por una cuestión de deseo. Me sucede que cuando miro partidos me enfoco en las acciones y pienso qué haría yo en esa situación. Creo que todos los jugadores retirados cuando observan un partido deben sentir que podrían estar adentro de la cancha. Distinto es competir, de todos modos. ¡Hay algunos amigos que me dicen que me voy a encontrar con un Ascacibar y que después de chocar me va a doler hasta el alma! Bueno: ese es el desafío.

-Vas a pelear un puesto con Ascacibar. ¿Es la mejor aparición de Estudiantes de los últimos años?

-Las condiciones que tiene el Ruso son increíbles. Tiene una capacidad de recuperación notable, pero también es muy bueno para leer el juego. Más allá de las muchas virtudes, nosotros tratamos de fijarnos en lo que puede mejorar. Yo le digo que tiene que pisar más el área: se tiene que animar porque lo tiene. Eso lo va a completar como futbolista. Después, hay cosas que no sorprenden. Nosotros lo conocemos desde hace mucho y sabíamos que se iba a destacar por cómo se entrenaba y por cómo competía en las Inferiores. Nos genera alegría porque es un producto del club, y un chico humilde y educado.

-¿Ya se merece un lugar en la Selección?

-Es chico, pero ya juega con naturalidad en Primera. Una vez que llegás, el techo te lo ponés vos. En la Selección hay un buen grupo, con jugadores de experiencia que lo pueden acompañar, como sucede acá. Por lo demás, al Ruso le tirás la camiseta de Real Madrid y se la pone sin ningún tipo de presión. Tiene esa personalidad. Y ese valor agregado es importantísimo en el fútbol.

¿Estás para seguirle el ritmo?

-Jugué un par de veces con él en los entrenamientos y lo único que tengo para decir es que la responsabilidad pasa más por él que por mí, jaja... La misión de los más grandes es ayudar a los más jóvenes.

-En el fútbol argentino no hay un jugador que meta cambios de frente como lo hacías vos. ¿Por qué?

-No sé. Supongo que por las características de los jugadores. Acá estimulamos mucho la gambeta. Siempre fue así. A nivel mundial también sucede. Hoy los mejores son Messi, Ronaldo, Neymar, que son jugadores esencialmente de gambeta. Ahora Lionel incorporó eso del pase largo y la asistencia. A veces el jugador cuando va perdiendo velocidad y frescura empieza a sumar otras cosas. A mí me sorprende más un cambio de frente de Messi que una gambeta, porque hace 15 años que gambetea a todo el mundo. El fuerte mío era el pase largo: nunca tuve gambeta ni velocidad. Pero entiendo que pasa por lo individual: el rápido apuesta a la velocidad, el preciso a los pases.

 

-Hablando de Messi, ¿el broche final de tu carrera podría ser una revancha ante Barcelona en Japón?

-Nooooo. Sería demasiado. Sueño con jugar mi último partido con Estudiantes en el estadio nuevo, ese sí sería un broche de oro. 

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