OPINIÓN
22 de julio de 2026
Fiesta y desesperación política contra Milei
Esta fue un festejo del fútbol, pero también un festejo contra el gobierno.
Por Jose Luis Lanao
Las sociedades humanas comienzan a agotarse cuando dejan de imaginar lo que quieren y de justificar lo que hacen. Sabemos muy bien que el poder de algunas ideas poco tiene que ver con la verdad que contengan. Hay que reconocer que las razones de orden político existen y operan, y que mirar para otro lado no las elimina; solo las hace más vulnerables.
Expulsamos estas razones de orden político del análisis de la fiesta de la Selección. ¿Por qué? Por estupidez. Para no “intoxicar” el acontecimiento. La pregunta parece una disonancia. Cabe preguntarse si no había algo “más” en esa necesidad de la sociedad por abrazar las calles. ¿Si el legítimo reconocimiento futbolístico a la Selección se unió a la frustración existente, y juntos activaron el percutor festivo ante una realidad angustiante? Algunos lo niegan. Cualquier mención ajena al heroísmo del equipo quedó marcada como de antipatriota. Todo lo que significaba salirse de la propincuidad de lo más próximo se presentaba como una abstracción insoportable.
Tertulianos y oráculos cortesanos aclamaron que el esfuerzo colectivo de la Selección fue la única razón de que las masas salieran a las calles. No cabía la posibilidad de que esa explosión de fervor fuera, en realidad, la salida de escape a una realidad angustiante para una sociedad maltratada, humillada, reprimida por un gobierno inhumano.
Así fue como la fiesta nació “protegida”. La autocensura paraliza, pero no todo silencio es igual de grave. Callar una vez puede ser prudencia; hacer del silencio un hábito es otra cosa, porque cuando la subordinación consentida se interioriza, deja de doler, y entonces uno ya no se emancipa: se acomoda.
No hay nada más sencillo que llamar a las cosas por su nombre. Esta fue una fiesta del fútbol, pero también una fiesta contra el gobierno de Milei. La multitud abrazó las calles para agradecer el sacrificio de esta selección y de la inolvidable gesta futbolística de un Messi irrepetible, pero también para sacudirse la desdicha, para olvidar y maquillar un poco el flagelo, la desesperación y la pobreza. El gobierno horrible de Milei es el gobierno horrible de Milei; y llamarlo por su nombre es esencial cuando hay tanto interés en silenciarlo.
Venimos de un Mundial jugado en un país muy de derecha, donde si ayudas a un ciego a cruzar la calle, te acusan de socialista. La gloria máxima de Trump es que le coloquen una cabeza de bronce en alguna esquina de Washington DC. Nadie lo echará de menos; será útil para que le caguen encima las palomas.
(*) Exjugador de Vélez, clubes de España y campeón del Mundo 79.