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DEPORTES EN EL RECUERDO

2 de mayo de 2015

Hoy: Jorge Newbery, el primer ídolo popular de la Argentina

Newbery era un activo deportista que se desempeñaba con destreza en cualquier competencia incluyendo esgrima, boxeo, natación, remo, aviación y automovilismo, llenando su hogar de trofeos, copas y medallas.

En 1902, según reza la letra del tango, Jorge Newbery tenía 27 años y ya era un personaje célebre cuya fama trascendía el círculo de la aristocracia de Buenos Aires, a la cual pertenecía. Alternaba entre los sitios más dispares, desde el Jokey Club o el Círculo de Armas, hasta el boliche de Hansen o la esquina de Corrientes y Esmeralda. Como joven practicó todos los deportes en boga del momento, entre ellos el boxeo. De esta manera, se dice que en un enfrentamiento entre Newbery y los compadritos que solían parar en la famosa esquina, el primero respondió a las agresiones aplicando a uno de los pendencieros un preciso cross a la mandíbula que lo dejó fuera de combate.

 

Este personaje del pintoresquismo de Buenos Aires era hijo del odontólogo estadounidense Ralph Newbery y de la argentina Dolores Malargie. Cursó el bachillerato en la escuela San Andrés de Olivos y realizó sus estudios universitarios en la Universidad de Cornell de Nueva York donde se recibió de ingeniero electricista. Uno de sus profesores fue Thomas Alba Edison.

 

Al regresar a Buenos Aires ingresó en la Armada Argentina -en tiempos del conflicto limítrofe con Chile - como ingeniero electricista. Desempeñó funciones de profesor de natación en la Escuela Naval y en 1899 la Armada lo envió a Londres para la adquisición de material eléctrico. Abandonó esa institución en 1900 cuando fue nombrado Director General de Instalaciones Eléctricas, Mecánicas y Alumbrado de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, función pública que desempeñaría hasta su muerte.

 

Al despuntar el siglo XX, Newbery era un activo deportista que se desempeñaba con destreza en cualquier competencia incluyendo esgrima, boxeo, natación, remo y automovilismo, llenando su hogar de trofeos, copas y medallas. Todos estos deportes pasaron súbitamente a segundo plano cuando Newbery conoció al aeronauta brasileño Alberto Santos Dumot, quién desde 1898 venía haciendo demostraciones en París y en su país, con dirigibles y globos. Dumont fue el primero junto con los hermanos Wright en volar un aparato más pesado que el aire.

 

El vuelo se transformó en verdadera pasión en la vida de Newbery y a partir de 1907 en que cruzó el Río de la Plata en el globo Pampero, empezaron a llover los trofeos, esta vez por sus records de vuelo. Dos años después, su hermano Eduardo, volando en el mismo globo se perdió junto con su compañero y sus cuerpos nunca fueron hallados. La tragedia familiar no amilanó a Newbery que realizó hazañas de distancia y altura con dos nuevos globos El Patriota y Huracán. Este segundo aeróstato dio origen al club que lleva su nombre y el escudo se identifica con la imagen de un globo y su canastilla correspondiente.

 

Newbery era un hombre casado, pero evidentemente el matrimonio no era su fuerte, su mujer angustiada por sus aventuras de alto riesgo y por sus reiteradas ausencias hogareñas, terminó abandonándolo después que totalizó 40 ascensiones en solo tres años. En 1912, le dio la espalda a los aeróstatos y volcó todo su entusiasmo en los aviones, que volaban más rápido y respondían a los comandos del piloto en lugar de hacerlo en forma errática.

 

Cuando el Presidente Roque Sáenz Peña creó la Escuela Militar de Aviación, la primera en toda América del Sur, designó a Newbery como instructor. Excepto Santos Dumont, no había en el mundo otro piloto que lo superase en experiencia. Puso el Aero Club Argentino, del cual era director y fundador, al servicio del flamante instituto. El otro profesor era el teniente coronel Enrique Mosconi, con quién Newbery compartía el concepto de que el Estado debía controlar las principales riquezas del país.

 

El 24 de noviembre de 1912, Newbery cruzó el Río de la Plata en el monoplano Centenario, un Bleirot Gnome de 50 HP. Fue el primero en atravesar el estuario regresando en el mismo día. Influenciado por Newbery, el joven Teodoro Fels, que en ese momento era conscripto, tomó uno de los aviones de la Escuela Militar de Aviación sin permiso y llegó a Montevideo. Había cometido una falta grave, pero por otro lado regresaba con los laureles de haber batido el record mundial de vuelo sobre el agua. El Presidente Roque Sánez Peña adoptó una decisión salomónica, le impuso arresto por su desobediencia y a la vez lo ascendió a cabo por la hazaña.

 

Jorge Newbery, a semejanza de Ícaro, con su temeridad y coraje, había desafiado demasiado al destino y un primero de marzo de 1914, mientras se encontraba haciendo una demostración previa al cruce de la Cordillera de los Andes, murió al caer su avión en el campo de aviación Los Tamarindos, actual zona de El Plumerillo en Mendoza. Tenía 38 años.

 

Sin duda fue el ídolo popular más grande que hubo por aquellos años, hasta la llegada de Gardel que arrasó con todo, incluso con aquél atleta del aire. Quizás sea por eso que Celedonio Flores que compuso en 1933 el tango que comienza honrando al “cajetilla”, termina la letra diciendo:

“En tu esquina criolla cualquier cacatúa

Sueña con la pinta de Carlos Gardel.”

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