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DEPORTES EN EL RECUERDO

23 de mayo de 2015

Hoy: la hazaña mas grande de Juan Manuel Fangio

Supero diez veces la marca de velocidad por vuelta y obtuvo su quinto campeonato mundial.

La hazaña que emprendió Juan Manuel Fangio (Maserati 250F) en Nürburgring (Alemania) vino a consagrar el pentacampeonato que obtendría a fines de la temporada 1957. La victoria del argentino causó delirio en los 250.000 espectadores apostados, internados en la Selva Negra. Fangio - dueño de la pole position - había llegado a encabezar el Grand Prix en vísperas de la mitad de carrera, doblegando la oposición de las Ferrari 801 de Mike Hawthorn y Peter Collins, las cuales tenían la virtud de no necesitar parar para reabastecer ni recambiar cubiertas (dada la composición de los neumáticos Englebert). Juan Manuel, en cambio, contaba con la mejor tenida de su bólido y del caucho provisto por Pirelli.

En tanto que algunos pilotos planeaban correr las 22 vueltas sin detenerse, Fangio empezó con una carga ligera de gasolina, pues quería sacar una buena ventaja, y luego, a media carrera, repostar y cambiar neumáticos.

En las primeras 11 vueltas, rompió seis veces la marca de velocidad por vuelta y sacó una ventaja de 28 segundos. Pero en la siguiente, cuando entró con su Maserati a los pits, los mecánicos cambiaron los neumáticos con desesperante lentitud. Cuando Fangio retomó la pista, estaba 48 segundos atrás de los dos punteros, los británicos Mike Hawthorn y Peter Collins, que conducían sendas Ferraris.

Sólo faltaban diez vueltas. Al final de la recta principal había una curva poco cerrada donde la pista formaba un declive. En ese sitio, Fangio normalmente habría disminuido la velocidad a unos 240 kilómetros por hora, a fin de pasar rasando el desnivel en vez de brincarlo. En esa ocasión, empero, decidió mantener el pie en el pedal del acelerador. El Maserati se elevó en el aire unos centímetros. Al aterrizar, Fangio vio una nube de polvo por el espejo: había tocado suelo justo en la orilla exterior de la pista, así que pensó que podría ganar unos segundos en cada vuelta.

Entonces fue acercándose a los líderes. Vuelta tras vuelta, 100000 espectadores aplaudían y gritaban llenos de emoción cada vez que Fangio volvía a romper la marca.

Rebasó a Collins y luego, ya en la penúltima vuelta, se lanzó en pos de Hawthorn.

En una recta corta, éste se pasó al carril derecho para tomar la siguiente curva, y entonces Fangio lo rebasó por dentro. Sin aflojar la velocidad, mantuvo la delantera y llegó a la meta 3.6 segundos antes que el Británico. Había superado diez veces la marca de velocidad por vuelta y obtenido su quinto campeonato mundial.

Aquel GP trastorna todos los cálculos que se hacen sobre el coeficiente de importancia que guarda un hombre con relación a la máquina. Lo normal dividía las aguas al 50 por ciento. En este caso es imposible hacerlo porque semejantes compensadores parámetros no sirven para medir lo que Fangio hacía aquel fantástico 4 de agosto. Una cosa que no volvería a ser hecha por otro hombre.

De aquella carrera se han escrito crónicas inolvidables y hasta poéticas, pero  la síntesis son 18 palabras, de uno de los dos hombres derrotados por Fangio:

Mike Hawthorn. "Inútil contenerlo; si no me hubiera corrido a un costado, el viejo diablo me hubiera pasado por arriba".

 

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