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12 de julio de 2015

Oscar “Ringo” Bonavena: “La experiencia es un peine que te entrega la vida cuando te quedaste pelado”

Se recuerda aún cuando el Presidente de la Nación, el General Alejandro Agustín Lanusse, lo llamó para felicitarlo, y Bonavena, en una salida carismática le dijo: “General, con la pinta suya y la guita mía matamos”

Nació el 25 de septiembre de 1949 y murió asesinado el 22 de mayo de 1976 en Reno, Estados Unidos. Fue de verdad un guapo de su barrio, Parque Patricios. Se lo consideró muchas veces un niño grande, por su calidez y buen humor. Hincha de Huracán a muerte, amigos de todos los deportes, era un personaje especial, ocurrente, simpático y carismático.

Siendo muy joven abandono los estudios y decidió trabajar…fue carnicero, repartidor y hasta picó piedras. Su carrera como boxeador la inició en 1958 en su club de alma, Huracán, club que hoy tiene una tribuna con su nombre. Ganó su primer torneo amateur en 1959 y en dos años consiguió dos coronas Sudamericanas consecutivas.

Tuvo un record de 58 triunfos, 44 por KO, nueve derrotas y un empate. Como muchos otros boxeadores de su nivel, tiene una gran pelea que lo identifica, en donde  todos sus seguidores lo recuerdan por su bravura frente a un adversario que lo supera, pero que ante esa adversidad aparece la fortaleza un púgil  grandioso que arremete con fuerza y lucha sin cesar.

En este caso, el adversario fue Muhammad Alí (Cassius Marcelus Clay), el 7 de diciembre de 1970, quien lo vence en el último round en el Madison Square Garden. Perdió a segundos de terminar la pelea luego de tenerlo sentido a Clay en el cuarto y noveno round. Frente a Lee Carr en 1964, fue suspendido por morderle la oreja, y a Ron Hicks le ganó en el primer minuto del primer round por nocaut.

En 1965 fue campeón argentino, al derrotar a “Goyo” Peralta en el Luna Park, con más de 25.000 espectadores. Tenía fama de fanfarrón y la gente lo quería ver  perder, pero ganó con la calidad de un grande, y como se escucha aun decir por ahí,…entraron hinchas de “Goyo” y salieron hinchas de “Ringo”. Combatió con los mejores del mundo, Zora Folley, Jimmy Ellis, Joe Frazier y Floyd Patterson.

El 10 de diciembre de 1968, tuvo una chance por el título mundial en Nueva York ante Joe Frazer, con quien perdió por puntos en 15 asaltos. Más tarde como dijimos antes se enfrentó con Cassius Clay. Ringo poseía en ese momento 68 peleas en su haber, con 58 victorias, 9 derrotas y un empate, pero no pudo ser y Clay lo venció por KO reglamentario.

Muy pronto se comenzó a barajar la posibilidad de la revancha. Después de su baño de multitudes en Argentina de vuelta en los Estados Unidos, Ringo quería dejar de ser cobarde para cierto sector de la sociedad y fue en busca del desquite, su revancha, ante Muhammad Ali. Pero su joven corazón de treinta y tres años fue partido en mil pedazos por la bala asesina disparada por un matón a sueldo desde un fusil treinta-cero-seis, a treinta metros, en el estado de Nevada.

El 22 de mayo de 1976 fue a "Mustang Ranch", el cabaret de Joe Conforte en Reno, quien había sido durante un período su manager. Murió en esa trágica noche. Willard Ross Brymer, custodio de Conforte, le disparó a Bonavena con un rifle. Ringo habría discutido con un hombre encargado de la seguridad del lugar, Joe Coletti, apodado Billy The Kidd, y aparentemente todo estaba premeditado y planeado por Joe Conforte, al enterarse de un supuesto romance del boxeador con su esposa, Sally Conforte, una mujer 26 años mayor que Ringo.

Ringo fue enterrado el 30 de mayo de 1976 con su pecho ahogado en claveles rojos. Unas 150.000 personas pasaron por el Luna. Era el último adiós al bueno de Ringo.

 

“La experiencia es un peine que te entrega la vida cuando te quedaste pelado”

“Ringo” no era fumador de habanos. Al igual que otro mito argentino del boxeo, José María Gatica, solo los pitaba cuando deseaba mostrar o creía parecer; que cuando se llega a la cima desde la pobreza extrema, el puro puede ser una manifestación de riqueza o exhibicionismo pedante para quienes lo rodean.

Todos sabemos que no es así. Solo hay dos alternativas: se fuma por vicio o por placer. Esa es la diferencia con el cigarrillo. Sin embargo, Bonavena no era así. Lo fumaba para divertirse y divertir. Como también lo lograba con la palabra llana, campechana, plagada de filosofía callejera, aquella que no se aprende en las universidades. Famosas fueron, son y serán aquellas frases como “la experiencia es un peine que te entrega la vida cuando te quedaste pelado” o “antes de una pelea todos te dan instrucciones, pero cuando suena la campana y te retiran el banquito te quedas solo con las piñas que te dan”.

 

Se recuerda aún cuando el Presidente de la Nación, el General Alejandro Agustín Lanusse, lo llamó para felicitarlo, y Bonavena, en una salida carismática le dijo: “General, con la pinta suya y la guita mía matamos”

 

La anécdota que nos refiere a los cigarros que supo adquirir en “MANRIQUE”, se vincula a un “boliche” de la noche en la ciudad balnearia de Mar del Plata que se llamaba “Las Vegas” y donde ocasionalmente atendía detrás de la barra. Estaba en un sótano de la Av. Cólon, piadoso reducto de noctámbulos plagado de señores víctimas de mujeres rápidas y caballos lentos.

 

Ahí, “Ringo” daba rienda suelta a sus alegrías, emociones y relatos mientras el puro que sostenía elegantemente en su boca dibujaba con su humo parábolas extrañas que se mezclaban con los perfumes etéreos de la concurrencia encandilada con Bonavena.

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